lunes, 25 de abril de 2011

Las claves ocultas del calendario

En la última entrada hacía un pequeño análisis del calendario de la NFL desde el punto de vista deportivo. Se me olvidaba el más importante en estos momentos, el que debemos hacer desde el punto de vista del negocio.

Gazoline business, de The Bones, para dar ambiente.



El calendario de la NFL no se fija por sorteo. En realidad, en casi ninguna competición deportiva profesional se fijan los calendarios por sorteos puros. Ni en España. Los calendarios de ACB y LFP están condicionados por multitud de factores. Entre ellos, que los partidos más atractivos no se disputen en las primeras jornadas ni en las últimas, para que resulten decisivos y no lleguen en un momento en el que los equipos ya no se juegan nada. Pero ciertos elementos se dejan al azar.

En la determinación del calendario de la NFL el azar no interviene. Es un negocio (y muy lucrativo, por mucho que se quejen ahora los propietarios) y como tal se gestiona. Se respetan unos criterios para evitar perjuicios injustificados a ciertos equipos y dentro de esos límites se fijan calendarios y horarios (se conocen horarios con meses de antelación, que aprendan en España). A unos les parecerá mejor y a otros peor, pero nadie ve manos negras ni intenta justificar (?) derrotas sobre tan absurdas bases.

El caso es que el calendario recién anunciado reviste especial interés desde el punto de vista de la operativa del negocio. No olvidemos que la NFL, que es la parte que decreta el cierre patronal, es la misma que fija el calendario. Por tanto, puede jugar con él según le convenga para minimizar los efectos de un posible aplazamiento en el inicio de la competición o, incluso, como baza de presión al colectivo de jugadores.

Adam Schefter ha descubierto ciertas claves que indican que el calendario está muy bien pensado para la situación de lockout que vivimos, y que nos permiten hacernos a una idea de cuál es el límite que la NFL se ha dado para alcanzar un acuerdo: 5 semanas. Hasta 5 semanas parece que se podría retrasar el inicio de la liga sin que su integridad se viese seriamente perjudicada.

Realmente existen dos límites:

  • Hasta 3 semanas de retraso, sin necesidad de cancelar ninguna jornada. Sin embargo, este retraso conllevaría la supresión de semanas de descanso (bye weeks) y el aplazamiento de la Super Bowl. ¿Por qué? En primer lugar, porque cada partido de la tercera jornada se disputa entre equipos cuya semana de descanso coincide más adelante. Eso implica que los partidos de la tercera jornada podrían disputarse en la jornada establecida como de descanso, más adelante. Todos y cada uno de los equipos perderían su semana de descanso, ya que ningún equipo descansa en la jornada 3 y tendría que recuperar el partido establecido para esa fecha en su teórica semana de descanso. En segundo lugar, la NFL podría jugar con la fecha de celebración de la Super Bowl. Podría retrasar todo el calendario una semana, fijando la Super Bowl una semana más tarde. Esta posibilidad se ha revelado al conocerse que la NFL ha reservado hoteles en Indianápolis (sede de la Super Bowl) para 2 semanas, de modo que la Super Bowl puede disputarse no el 5 de febrero (fecha original) sino el 12. La tercera semana de margen podría obtenerse eliminando la semana de descanso entre finales de conferencia y Super Bowl. Así pues, con un aplazamiento de Super Bowl y supresión de semanas de descanso, nos encontraríamos ante 3 semanas de retraso en el inicio de la liga pero con la disputa de todos los partidos programados inicialmente. Esta sería la jornada cuyos partidos se repartirían entre las jornadas de descanso de los equipos implicados:
  • Hasta 5 semanas de retraso, con la cancelación de 2 jornadas de la temporada regular (jornadas 2 y 4). No obstante, ningún partido divisional se vería afectado (respetándose, por tanto, el principio sobre el que gira el sistema de clasificación a playoffs). Estas dos jornadas, 2 y 4, podrían suspenderse sin que se perdiese ningún enfretamiento divisional y, además, a cada franquicia se le cancelaría un partido en su estadio y otro fuera. Es decir, que a todos los equipos les quedarían 7 partidos en casa y 7 como visitante. No se rompería el equilibrio entre partidos en estadio propio o ajeno. Hay que puntualizar, sin embargo, que sí que se producirían injusticias, o al menos distorsiones. No podría ser de otro modo, ya que al fin y al cabo se cancelarían 2 jornadas: los equipos que se enfrentasen ante rivales potentes se verían beneficiados, mientras que los que jugasen contra equipos flojos se verían perjudicados. Es el caso (teórico, claro) de los Packers. En esas dos jornadas tendría que jugar en Carolina y frente a Denver en Lambeau Field. Partidos teóricamente sencillos que ya no cuentan. En cambio, sus rivales divisionales verían cancelados partidos más complicados: fundamentalmente, los de los Bears en Nueva Orleáns, el de Detroit en Dallas y los de Minnesota frente a Buccaneers y en Kansas City. Por otro lado, y desde el punto de vista del puro espectáculo, nos perderíamos duelos infrecuentes (por disputarse entre equipos de diferentes conferencias) e interesantes como el Tampa-Indianápolis (que supone, además, el regreso de los Bucs al prime time). En cualquier caso, del mal el menos. Estas serían las dos jornadas canceladas:
En consecuencia, la secuencia de suspensión de jornadas sería (creo) la siguiente: en primer lugar, la jornada 3, ya que no implica suspensión de partidos. En segundo lugar, podría aplazarse la Super Bowl una semana, ya que la NFL tiene preparado el tinglado para una posible Super Bowl el 12 de febrero. En tercer lugar, se eliminaría la semana de descanso entre finales de conferencia y Super Bowl. Y, en última instancia, se suspenderían las jornadas 2 y 4, pasando la temporada regular de 16 a 14 partidos. En este último caso no se podría suspender una única jornada, ya que ello conllevaría la injusticia de que unos equipos jugasen más partidos en casa que otros. Por eso, si se llega a la cuarta semana de suspensiones, deberían aplazarse dos jornadas y no una sola.

Vemos, pues, que el calendario se ha fijado teniendo muy presente la amenaza de suspensión de algunos partidos por el cierre patronal, con la idea de que el retraso en el inicio de la competición no impida que la liga termine disputándose en las condiciones menos anómalas que resulte posible. Lo que también revela es que la NFL ha querido darse un margen lo más amplio posible para presionar a los jugadores. Recordemos que los que más pierden son los que viven de la NFL, y los propietarios, acaudalados multimillonarios, tienen otros negocios con los que lucrarse. Los salarios de jugadores en la NFL se devengan, fundamentalmente, por jornada de competición. La estructura contractual no es de salarios de 12/14 pagas mensuales de igual cantidad. Ahí se cobra por jornada de liga. Los jugadores podrían ver cómo pasa septiembre sin haber cobrado un dinero que esperaban y, en muchos casos, necesitaban. Los propietarios, la NFL, ven que su poder negociador aumenta.

Espero que se llegue a un acuerdo a tiempo para que no haya aplazamientos, pero mucho me temo que este calendario, que permite dilatar el inicio de la liga hasta 5 semanas sin daños graves para la liga, no ayuda a ello.

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