sábado, 19 de febrero de 2011

Poco que celebrar

Corren tiempos sombríos para el aficionado a la NFL. Estas fechas son de por sí duras todos los años, pero este más, debido a la incertidumbre que nos asola sobre el inicio puntual de la próxima temporada. Aunque el pesimismo sigue imperando, se abre una pequeña puerta a la esperanza: NFL y sindicato de jugadores han pactado celebrar negociaciones durante 7 días bajo la presencia de un mediador independiente. El primer paso para que dos partes lleguen a un acuerdo es que hablen entre ellas. Afortunadamente, parece que sucederá.

Para celebrar este pequeño amanecer, The shining, de Badly Drawn Boy. Una canción perfecta para intentar recuperar la alegría.



Pero este artículo no va del lockout. Va de otro tema relacionado con las celebraciones, o más bien su ausencia: las normas que prohiben las celebraciones de touchdown y, en general, de cualquier jugada positiva en un partido de fútbol americano. La represión de la alegría.

Es curiosa la tendencia de los seres humanos a reprimir la exhibición de sus sentimientos. No solo su demostración pública, sino también los propios sentimientos. Nos gusta prohibir, cuántas organizaciones se basan en la represión de los instintos más naturales. Habrá quien diga que, en parte, en eso se basa la condición humana, que eso diferencia las sociedades civilizadas de las manadas de animales (de distinta especie que la humana, se entiende), pero en muchas ocasiones se va mucho más allá de lo necesario. La prohibición es una manifestación de poder, y qué gusta más a cualquier ser humano que la sensación de poder. El imponer la propia moral a los demás. Ah, la moral, cuántas gilipolleces se justifican con base en esa palabra.

Um, me temo que esto está yendo por derroteros demasiado filosóficos, no termina de convencerme. Bueno, ni siquiera filosóficos, una mera paja mental. En fin, que quería comentar las para mí absurdas restricciones a las celebraciones en los campos de la NFL por parte de jugadores y equipo técnico.

El actual reglamento de la NFL (que podéis obtener completito a través de este enlace) dedica el artículo 1 de la sección 3 de la regla 13 a las conductas antideportivas:

There shall be no unsportsmanlike conduct. This applies to any act which is contrary to the generally understood principles of sportsmanship. Such acts specifically include, among others:

(...)

(c) The use of baiting or taunting acts or words that engender ill will between teams.

(d) Individual players involved in prolonged or excessive celebrations. Players are prohibited from engaging in any celebrations while on the ground. A celebration shall be deemed excessive or prolonged if a player continues to celebrate after a warning from an official.

(e) Two-or-more players engage in prolonged, excessive, premeditated, or choreo graphed celebrations.

(f) Possession or use of foreign or extraneous object(s) that are not part of the uniform during the game on the field or the sideline, or using the ball as a prop.

(...)

Note 4: Violations of (c) will be penalized if any of the acts occur anywhere on the field. These acts include but are not limited to: throat slash; machine gun salute; sexually suggestive gestures, prolonged gyrations; or stomping on a team logo.

Note 5: Violations of (d) will be penalized if they occur anywhere on the field other than the bench area.

Note 6: If any foreign object(s) are deemed a safety hazard by the game officials, in addition to a yardage penalty, the player will be subject to ejection from the game, whether he uses the object or not.


Para los que no entiendan el inglés, esta es la traducción libre: "No se deberán producir comportamientos antideportivos. Se entenderá como tal cualquier acto que sea contrario a los principios generalmente entendidos de la deportividad. Estos actos incluyen específicamente, entre otros:

(...)

(c) La realización de actos de hostigamiento o burla que engendren animadversión entre los equipos.

(d) La participación individual de jugadores en celebraciones prolongadas o excesivas. Está prohibido que los jugadores participen en celebraciones mientras estén en el suelo. Una celebración se considerará excesiva o prolongada si un jugador la continúa después de haber sido advertido por un árbitro.

(e) La participación de dos o más jugadores en celebraciones prolongadas, excesivas, premeditadas o coreografiadas.

(f) La posesión o uso de objeto(s) ajeno(s) o extraño(s) que no formen parte del uniforme durante el partido en el campo o en la banda, o el uso del balón como accesorio.

Nota 4: Las infracciones indicadas en el apartado (c) se penalizarán si los actos ocurren dentro del campo. Estos actos incluyen pero no se limitan a: cortar el cuello
[supongo que se refiere a gestos que lo simulen]; saludos con armas de fuego [lo mismo que el anterior]; gestos sexualmente sugerentes, giros prolongados; o pisotones en el logo de un equipo.

Nota 5: Las infracciones indicadas en el apartado (d) se penalizarán si ocurren en cualquier parte del campo que no sea el área de banquillos.

Nota 6: Si los árbitros del partido consideran que los objetos extraños constituyen un peligro para la seguridad, además de la penalización en yardas, el jugador será explusado del partido, use el objeto o no
".

Vaya por delante que creo que las conductas antideportivas merecen ser sancionadas. Ahora bien, muchas de las incluidas en la enumeración ejemplificativa no deberían ser consideradas como tales. Como si de una organización religiosa se tratase, la NFL trata de reprimir reacciones inocentemente naturales, perfectamente comprensibles en un deportista. La celebración es una consecuencia natural y sana de un éxito deportivo. No es una conducta antideportiva, sino una conducta deportiva. Lo propio es celebrar, lo impropio es irse al banquillo con cara mustia. ¡Un poco de alegría, por favor!

Resulta ridículo que se persigan las coreografías (¿dónde está el límite entre un bailecillo permitido y una coreografía?). ¿Por qué el uso del suelo es considerado antideportivo? Eso no ofende. En bastantes ocasiones es divertido, ayuda al negocio, a que más gente esté pendiente del partido para ver la gilipollez que va a hacer Ochocinco, T.O. o el jugador de turno si anota. ¿A quién no le gusta ver a un gordo infame como B.J. Raji moviendo sus caderas? Es positivo para nuestas vidas, para nuestro bienestar. Está demostrado que resulta beneficioso para la salud ver a un gordo anotando un touchdown. Así lo dice este prestigioso estudio del Departamento de Psicología de la Universidad de Pennsylvania citado en The Onion, el El Mundo Today de los estadounidenses. Voy a haceros un favor. Mirad al gordito.


Mientras no suponga una falta de respeto o una burla al rival (ahí sí que estoy de acuerdo en que no se deben permitir), no hay razón para prohibir estas conductas. Cuando se amplió el tipo de actos considerados como antideportivas, en 2006, se empezó a hablar de que NFL realmente significa No Fun League. Lo hacían conscientemente, pensando en jugadores como Ochocinco, entonces Johnson (y puede que próximamente, de nuevo Johnson), Terrell Owens o Steve Smith. Mirad algunas de las cosas que nos estamos perdiendo (o que vemos menos, porque algunos prefieren arriesgarse a perder 15 yardas en el kickoff para celebrar a gusto):


Estoy de acuerdo en que algunas celebraciones van demasiado lejos y que las provocaciones en casa ajena no se deben tolerar. Recordemos el show de T.O. en la estrella de Dallas (que sin duda estuvo presente en la redacción de la norma en 2006; irónicamente, T.O. fue después un Chico Vaca):


Por otra parte, el criterio de aplicación no es nada claro. Los árbitros señalan infracciones según les da. Mirad estos dos vídeos y decidme cuál os parece más penalizable:




A mí me parece que, de lejos, el primero, sin perjuicio de que el baile es admirable y cojonudo. Pero el baile de T.O. no se señaló como infracción, mientras que el salto de Miles Austin por encima de Roy Williams, sí. Absurdo. Sin ir más lejos, qué tiene de ofensivo, aparte de que contacta con el suelo, la celebración de Collins en la pasada Super Bowl. Menuda lluvia de pañuelos amarillos, lo más espectacular de la celebración.


Pero bueno, ya está bien de hablar de los jugadores. Vamos a hablar de los que realmente mandan. De los que, en último término, dan de comer a los jugadores. Dicen que el que paga, manda. Y los que pagan el deporte profesional son los aficionados. Me repito más que los callos, pero es la verdad. El cliente es el aficionado, el que hace que las televisiones paguen millonadas por emitir los partidos, el que hace que las empresas paguen dinerales por exhibir sus marcas en los estadios, el que sufre y celebra los resultados de su equipo. El que manda en el deporte profesional, el menos presente en muchas ocasiones. Las negociaciones entre patronal y sindicato de jugadores solo es un ejemplo más de lo poco que se le tiene en cuenta. Qué poco se cuida al cliente. En fin.

Que vamos con los aficionados. Con sus celebraciones y lamentos. En España se hacen pocos programas deportivos buenos en televisión. No, creo que puedo ser más preciso: la televisión deportiva en España es una puta mierda, de un nivel lamentable, y cada vez peor. Las retransmisiones deportivas son hoy peor que hace diez años. Mucho peores. Peores comentaristas, peor realización. Qué diferencia, para mal, entre los partidos de ACB que daba Canal+, de impecable factura, y la mierda que echan ahora por Teledeporte. Qué basura. Qué malos son. No hay que remontarse a Canal+, Pedro Barthe le da catorce mil vueltas al pusilánime de Arseni Cañada, un tipo más blando que la mierda de pavo, para el que todo es buen rollito. Que será muy buen tío, pero como narrador, ni punto de comparación con lo anterior. De los comentaristas que le acompañan mejor no hablar. Salvo Manel Comas, que le pone un poco de chicha al asunto, el nivel es para echarse a llorar. En cuanto a la NBA, a Montes, Segurola y Daimiel los reemplazan David Carnicero, Nikola Loncar, José Ajero y el hijo de Iñaki Cano. Cuesta abajo y sin frenos. En fútbol, tres cuartos de lo mismo. Escuchar a Antonio Esteva, Kiko y Marcos López narrar un partido debería estar incluido en la definición de tortura del artículo 1 de la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes. Los informativos deportivos, otra puta mierda.

Todo basura. ¿Todo? No, no todo. Hay dos honrosas excepciones. Dos programas que no es que sean buenos, es que son excelentes. Brillantes. Un oasis entre el desierto. Hablo, cómo no, de Fiebre Maldini e Informe Robinson. Dos programones.

La verdad es que no me puedo quejar de los deportes que me deja ver mi chica en casa. Las mujeres mandan, ya sabéis. Me deja ver la NFL y bastante fútbol y baloncesto. No me puedo quejar. Pero Fiebre Maldini e Informe Robinson los tengo que pelear. Debo aprovechar un mínimo instante de duda para poner esos programas, como quien no quiere la cosa, e intentar aguantarlos suplicando cinco minutos más. Y de vez en cuando también a ella le terminan gustando. Buen ejemplo de ello, el programa de 20 de abril de 2009 de Fiebre Maldini (obviamente no recordaba la fecha de memoria, sino que busqué el vídeo del que os voy a hablar y en él aparece la fecha). Se emitía un reportaje sobre las semifinales de la FA Cup inglesa. ¿Por qué no cambias? ¿Por qué no quitas esta mierda? ¿Y a mí qué me importa la copa inglesa? eran las primeras reacciones que amenazaban mi disfrute del gran programa. Cinco minutitos y lo quito, anda. Merecieron la pena. El reportaje se centraba en las aficiones. En particular, en la reacción de los aficionados del Everton durante la tanda de penaltis de la semifinal que enfrentaba al equipo de Liverpool frente al Manchester United. Un reportaje acojonante. Tanto, que mi chica acabó soltando alguna lagrimilla. De verdad que emociona. Aquí tenéis el enlace al vídeo, no os lo perdáis (si pudiera, lo incrustaría en el artículo, pero desde plus.es no se puede).

Las celebraciones más importantes no son las de los jugadores, son las de los aficionados. Los que hacen que el deporte profesional tenga sentido. Los que mandan. Como ellos son los que mandan, vamos con unas cuantas de partidos decisivos en las tres últimas temporadas de NFL. No solo veréis celebraciones, sino también lamentos y decepciones. Como he dicho en bastantes ocasiones, las alegrías son mayores cuanto menos frecuentes son los éxitos. Los lloros y lamentaciones del pasado son las celebraciones y la euforia del futuro. La risa va por barrios.

Comenzamos con un vídeo de hace tres temporadas. De la Super Bowl entre los hasta entonces perfectos Patriots y la cenicienta, los New York Giants. La jugada más célebre de aquel partido fue la milagrosa recepción manocasco de David Tyree en el último cuarto, en el último drive ofensivo de los Giants, que necesitaban un touchdown para ganar el partido, después de que Eli Manning, todavía no se sabe cómo, escapase de un sack que parecía seguro. La jugada la conocéis sobradamente. Así reaccionaban unos aficionados de los Giants ante ese milagro:


Y en la otra acera, esta era la reacción de los aficionados de los Patriots:


La siguiente temporada nos dejó otro final de Super Bowl agónico. En los últimos segundos de partido, con los Cardinals ganando por tres puntos, los Steelers daban la vuelta al marcador gracias a la inmaculada recepción de Santonio Holmes en los límites de la end zone. Como dice la propia NFL en el anuncio, this is what it's all about.


Vamos otra vez a la acera de la decepción. Temporada 2009-2010, final de la NFC. Este vídeo ya lo he puesto en dos ocasiones, pero lo repito de nuevo. Está muy bien montado, qué le vamos a hacer. Así reaccionaban los aficionados de los Vikings cuando Favre lanzaba su último pase en unos playoffs. Creían tener el partido en sus manos, estaban acariciando la distancia de field goal, y sucede lo que todos sabemos.


Volvamos al barrio alegre. La jugada más importante de la Super Bowl XLIV fue la intercepción de Tracy Porter a Peyton Manning, que prácticamente aseguraba el primer anillo de los Saints en su historia. Ahí es nada.


Y llegamos a la última Super Bowl. Creo que no comenté que ese fin de semana no quedaban plazas hoteleras en Green Bay. El pueblo estaba colapsado, llegaba gente de todas partes para vivir el partido en la tierra de los Packers. Este es uno de los bares del lugar. Esta era la reacción tras el último touchdown de Green Bay, en el último cuarto, que situaba a los Packers con 11 puntos de ventaja.


Pero el partido no estaba todavía decidido. Los Steelers nunca se rinden, y hubo que esperar al último minuto, hasta el fatídico cuarto down que entre Roethlisberger y Mike Wallace no pudieron convertir. La explosión de alegría final:


Del lado de los Steelers, quedémonos con la reacción de su aficionado más famoso, Adolf Hitler. Como sabéis, Hitler tenía la última entrada para la Super Bowl, y se negaba a compartirla con cualquiera que pareciese aficionado de los Packers.


Sin embargo, el destino le jugó una mala pasada a Hitler. Se rumorea que deja bastante que desear como persona, y recibió su justo merecido el 6 de febrero: su entrada era de la "zona maldita", la que los bomberos de Arlington no consideraron como apta para el público. Hitler no pudo ver el partido en el estadio y tuvo que conformarse con seguirlo en su búnker junto a sus esbirros. Mirad cómo reacciona al terminar el partido:


Celebrad lo que podáis. Que nadie os lo prohíba. Si no se os ocurren los motivos, inventáoslos.

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